El reflujo gastroesofágico (ERGE) ocurre cuando el contenido del estómago regresa al esófago, causando síntomas molestos y potencialmente dañinos. Se estima que entre el 20 y 30% de la población adulta experimenta síntomas de reflujo al menos una vez por semana. Esta condición no es solo una molestia pasajera; si no se trata, puede afectar gravemente la calidad de vida y provocar daños estructurales en el tejido esofágico.
Desde el punto de vista fisiopatológico, el ERGE se debe principalmente a un fallo en el esfínter esofágico inferior (EEI), una banda muscular que actúa como una válvula. Cuando esta válvula se relaja de forma inapropiada o se debilita, el ácido gástrico y, en ocasiones, el contenido biliar, ascienden hacia el esófago. A diferencia del estómago, el revestimiento del esófago no está diseñado para resistir la acidez extrema, lo que genera inflamación conocida como esofagitis.
Síntomas principales y manifestaciones atípicas
Los síntomas clásicos son la pirosis (sensación de quemazón detrás del esternón) y la regurgitación ácida. Sin embargo, muchos pacientes presentan manifestaciones atípicas que pueden confundir el diagnóstico, como tos crónica, ronquera matutina, erosión del esmalte dental o incluso dolor torácico que simula un infarto. Es crucial diferenciar estos síntomas para evitar tratamientos innecesarios en otras áreas de la salud.
Causas y factores de riesgo
Varios factores contribuyen al debilitamiento del EEI. La obesidad es uno de los más importantes, ya que aumenta la presión intrabdominal. El embarazo, el tabaquismo y el consumo crónico de ciertos medicamentos también juegan un papel relevante. Además, la presencia de una hernia hiatal, donde parte del estómago se desliza hacia el tórax, altera la anatomía de la unión esofagogástrica y facilita el reflujo.
La dieta moderna rica en alimentos ultraprocesados, café en exceso, alcohol, chocolate y condimentos fuertes agrava la condición. El hábito de cenar tarde e irse a dormir inmediatamente impide que la gravedad ayude a mantener el contenido gástrico en su lugar, provocando eventos de reflujo nocturno que son especialmente dañinos por la falta de deglución de saliva protectora durante el sueño.
Posibles complicaciones a largo plazo
Cuando el ERGE es crónico, puede evolucionar a complicaciones serias. El esófago de Barrett es una de las más preocupantes, donde las células del esófago cambian para parecerse a las del intestino en un intento de resistir el ácido; esto se considera una lesión precancerosa. Otras complicaciones incluyen estenosis (estrechamiento del esófago que dificulta tragar) y úlceras esofágicas que pueden causar sangrado.
Opciones de tratamiento integral
El manejo inicial siempre debe incluir cambios en el estilo de vida: pérdida de peso, dejar de fumar y fraccionar las comidas. Farmacológicamente, los inhibidores de la bomba de protones (IBP) son el estándar de oro para reducir la producción de ácido y permitir la cicatrización del tejido. Sin embargo, su uso debe ser supervisado para encontrar la dosis mínima efectiva.
Para pacientes que no responden al tratamiento médico o que no desean tomar medicamentos de por vida, existen opciones quirúrgicas como la funduplicatura laparoscópica. También han surgido terapias endoscópicas innovadoras que refuerzan el esfínter sin necesidad de incisiones externas. La clave es una evaluación personalizada mediante endoscopia, pH-metría y manometría para elegir la mejor estrategia.